Las empresas se gobiernan y se gestionan en base a los números, y más con la creciente cantidad de datos objetivos que se tienen que tener en cuenta en la era del big data. Esto no lo discute nadie. Pero, como saben los buenos empresarios y directivos, mal irían las empresas si en la gestión de su día a día solo tuvieran en cuenta todo aquello objetivable, todo aquello numérico que queda reflejado a la cuenta de explotación y a los numerosos informes que motivan la toma de decisiones. Porque una empresa son sus balances, pero también sus intangibles. Si se me permite la broma, las estadísticas son como el bikini: lo dejan ver casi todo, pero no el más importante, que decía un famoso entrenador deportivo.
Lo mismo pasa con sus socios. Hay que tienen un rol más capitalista (porque básicamente aportan capital) y otros que son tecnológicos (con experiencia y conocimientos amplios del sector). Pero todos, todos, todos aportan algo más que el dinero que quedan registrados ante notario en el momento de la constitución de la sociedad o las sucesivas ampliaciones de capital.
Un socio es algo más que el dinero que pose a una empresa. Es un intangible con piernas. Aporta valor añadido de carácter intelectual, en el ámbito de los contactos, de la gestión comercial, de la experiencia en la dirección… Y todo esto hay que cuantificarlo. El derecho anglosajón tiene mucha más tradición en este ámbito, pero también aquí disponemos de marco legal y jurisprudencia suficiente para reconocer este valor total de un socio. Se ve mucho en los ámbitos de la propiedad intelectual y la propiedad industrial, pero todavía hay muchos sectores donde tenemos margen de mejora.
Ahora bien, hay un intangible que sobresale por encima de los otros: la reputación. Un socio con buena reputación profesional y personal proyecta confianza hacia el mercado, hacia los proveedores, hacia las entidades financieras y, sobre todo, hacia los trabajadores. La confianza es un activo invisible pero determinante: puede abrir puertas, acelerar procesos y reducir costes de transacción. La literatura académica habla de capital social, aquel conjunto de relaciones y confianza que hacen más eficiente cualquier organización. En este sentido, la reputación de un socio no solo beneficia su empresa sino que acontece un elemento clave en su sostenibilidad a largo plazo.
Además de la reputación, hay otras aportaciones igualmente difíciles de traducir en cifras pero de un impacto enorme: la red relacional, los contactos de un socio a menudo se convierten en clientes, proveedores o aliados estratégicos; el conocimiento sectorial, muchos socios han acumulado una experiencia que no se encuentra en manuales ni en informes; los valores y la cultura, un socio transmite unos principios y una manera de hacer que, de retruque, acaban impregnados en el ADN de la empresa; la capacidad de resiliencia, en momentos de crisis la serenidad o la visión de un socio puede marcar la diferencia entre resistir o desaparecer.
El reconocimiento de este valor total de un socio toma especial sentido en el momento de la venta de una sociedad. Es habitual que quien la compra, consciente de estas aportaciones intangibles, pida al anterior propietario que se quede por un tiempo al organigrama en una posición relevante. Este hecho no es casual: el comprador entiende que, sin aquel socio, la empresa podría perder parte de su atractivo, de su prestigio e incluso de su cartera de clientes.
Ahora bien, este valor se tiene que cuantificar y reconocer económicamente en estas operaciones, ya sean de venta o de separación de un socio. Y esto no es fácil: exige argumentación sólida, criterios objetivos y, sobre todo, asesoramiento especializado. En este punto, el paralelismo con el tratamiento del fondo de comercio en contabilidad es evidente: el que realmente se paga no son solo los activos físicos, sino aquella combinación de confianza, conocimiento y relaciones que hace funcionar la empresa.
En definitiva, si las empresas quieren gestionarse con una mirada completa, tienen que aprender a valorar los intangibles de sus socios. Porque, al fin y al cabo, el dinero son fácilmente sustituible, pero la reputación, la experiencia y la confianza se construyen con años y se pueden perder en un instante. Como siempre decimos, busquen el mejor asesoramiento legal y estratégico. En este ámbito, como en tantos otros, no es un gasto, sino una inversión con retorno.
















