Que los fondos buitre, como su nombre indica, son unos especuladores voraces que pretenden enriquecerse a partir de las desgracias de los otros no sorprende a nadie. Que muchas veces son manifiestamente incompetentes y legalmente imprudentes para materializar sus perversas y éticamente reprobables operaciones no es tan de dominio público. En efecto, como hemos venido explicando en varios artículos, la dinámica de manga ancha de la que han disfrutado les ha hecho poco cuidadosos con el análisis de los casos que caen a sus zarpas y solo entienden una lógica: la de ganar por la vía rápida ante adversarios endeudados y con pocos recursos y quedarse abajo precio con corderos que podrán vender por cantidades muy superiores.
A menudo, los abusos de los fondos buitres se pueden combatir a los tribunales porque son poco cuidadosos con los detalles
Dicen que el demonio está en los detalles, pero en este caso es justamente el demonio quien pierde la partida por no haber prestado atención a pequeños aspectos que dan una posibilidad de defensa a la víctima de sus abusos. David puede vencer a Goliat si se dan determinadas circunstancias que hay que identificar y gestionar estratégicamente ante los tribunales, que cada vez están más predispuestos a combatir los trapicheos de estos agentes infames y oportunistas del sistema.
Afortunadamente, proliferan los supuestos para dejar en falso a los fondos buitre. Uno de ellos es un caso que en las últimas semanas hemos estado gestionando en nuestro despacho y en el que la estrategia vencedora ha consistido en, ante la inminencia de una subasta para adjudicar un bien inmobiliario, solicitar la reactivación del crédito poniendo al día la deuda contraída, que es el sumatorio de las cuotas impagadas y las penalizaciones, es decir, los intereses y las costas procesales de un procedimiento ya muy avanzado.
El artículo 693.3 de la Ley de Enjuiciamiento Civil abre la puerta a una posibilidad que permite que David pueda ganar a Goliat
Esta posibilidad, prevista por el artículo 693.3 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, hackea las expectativas perversas de los fondos buitre, que, como decía, solo esperan aprovecharse de la víctima en el corto plazo y maximizar los beneficios de su inversión. Por lo tanto, que la deuda se ponga al día y que, a partir de aquel momento se vuelvan a pagar las cuotas mensuales, es un escenario incómodo para ellos, pero una estrategia legítima que los juzgados tienen que aceptar, en aplicación de la ley.
Reactivar un crédito del que han comprado la deuda les crea una situación incómoda, puesto que estos operadores quieren maximizar beneficios en el corto plazo
Aquí aflora una perversión profunda del sistema. Los bancos, las entidades financieras, conceden créditos para ganar dinero a medio-largo plazo, pero prestan un servicio a la sociedad. Cuando un crédito va a parar a un fondo buitre, este servicio se desintegra por la voracidad de enriquecimiento inmediato de estas organizaciones, que no están concebidas para gestionar créditos. Es importante tener en cuenta esta debilidad y aprovecharla en un pulso que acostumbra a ser muy desigual.
El origen de esta disfunción de nuestros enemigos es que no han acabado de digerir que el paradigma ha cambiado desde la gran crisis inmobiliaria. Entonces se enfrentaban a víctimas que estaban entre la espada y la pared y esto les permitía imponer sus condiciones. Ahora se encuentran con casos que, gracias a disponer de cierta capacidad económica, les pueden hacer frente y encontrar rendijas legales para impedir que completen sus oscuras operaciones, como en el supuesto de que les he explicado. Los más listos, se sientan a negociar y a compartir los beneficios de la venta del activo inmobiliario. Pero, desafortunadamente, esto no acostumbra a pasar, porque ya sabemos que los buitres son animales con poca visión de conjunto, les ciega el afán para poner el jefe entre las vísceras de sus víctimas.
















